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Semblanza del Profesor Enrique Valle Flores




Hablar o escribir sobre una persona puede resultar una tarea difícil, pero referirse a un personaje conocido y tan estimado resulta mas ambicioso que fácil, porque se agolpan los recuerdos se asoma la emoción y se presenta la tentación de desbordar las anécdotas.


El Profesor Valle Flores nació en Fresnillo Zacatecas en 1916. Como la mayoría de sus contemporáneos inició la carrera de Ingeniería, que era lo común antes de que se contara con una carrera de Matemáticas. Formó parte de ese pléyade que inició la aventura de realizar y fomentar una formación en matemáticas y en ciencias, entre los que destacan: José Adem Chaim, Rodolfo Morales, Félix Recillas Juárez, Carlos Graef Fernández, Guillermo Haro, Samuel Gitler, Carlos Imaz, Sotero Prieto, Manuel Sandoval Vallarta, Alfonso Nápoles Gándara, Nabor Carrillo Flores, quien fue ingeniero con doctorado en Matemáticas; y rector de la UNAM en la época del cambio de los edificios del centro de la ciudad de México a la Ciudad Universitaria, Presidente de la Sociedad Matemática Mexicana en el período en que el Congreso fue por primera vez en la Universidad de Sonora.


Inició como muchos de nosotros, tal vez por el exceso de trabajo cuando trataba de hacerse de un patrimonio para su familia, que incluso trabajó en el Colegio Militar, llegó a padecer del síndrome del Profesor, así como algunos de sus amigos.


Su tesis de licenciatura fue sobre teoría del área. Abordó muchos campos de la matemática. En base a su manejo de la Estadística creó, con la Dra. Ana María Flores, la Dirección de Normas y Medidas de la Secretaría de Industria y Comercio.


Con la realización de la Asamblea Matemática de la Sociedad Matemática Mexicana de 1953, en la Universidad de Sonora se inició el anhelo de contar con una escuela de Ciencias. Lo  que se concretó con el inicio de actividades de la Escuela de Altos Estudios el 4 de Marzo de 1964. Contaba con las Licenciaturas en Letras, en Física y  en Matemáticas.


Esta escuela contó con el apoyo de la Sociedad Matemática Mexicana, el Instituto de Matemáticas de la UNAM y del CIEA del IPN. Algunos maestros, siendo profesores allá, fueron comisionados para colaborar con la Escuela de Altos Estudios. Tal es el caso de Manola Garín de Álvarez, quien era secretaria de actas de la SMM y del Profesor Enrique Valle Flores, quien era profesor titular del Instituto de Matemáticas, quién además había tenido estancias en instituciones de otros países.


El compromiso era sacar a una generación de egresados. Para ello contaron con el apoyo de egresados destacados, tanto de la UNAM como del IPN. Manola dirigió la escuela desde el período 1964-1965, siendo ella directora se realizó el Congreso de la Sociedad Matemática Mexicana en la Universidad de Sonora a principios de 1966.


El profesor Valle llegó al inicio del período 1967-1968, nos reincorporábamos a continuar la carrera, después de la huelga estudiantil de 1967. La escuela era dirigida por el Dr. en Matemáticas Oscar Valdivia.


Recalcando el compromiso que se tenía con la joven Escuela, Valle impulsó que regularmente contáramos con la visita de destacados científicos, así como estancias de otros.


Un caso especial lo constituye el Dr. José Adem Chaim (1921-1991), a quien esperábamos en Mayo, ya fuera para dictar algún curso o conferencias o para ser jurado en algún examen profesional.


Adem fue un reconocido topólogo y algebrista, del que se llegó a decir que si se deseaba estudiar álgebra homológica habría que hacerlo en México con Adem. En los sesenta se le solicitó que abordara el problema de encontrar la trayectoria de retorno de la luna. En una ocasión nos comentó que prácticamente del patio de su casa salió el Gramna.


Hoy, las cosas aparentemente son mas fáciles, pero recordemos que nos referimos a la época pionera, en la Universidad solo se contaba con seis edificios escolares: Edificio principal, en donde se daban clases de varias carreras, la escuela Secundaria, que salió del campus en 1964 para dejar su edificio para la Escuela de Altos Estudios, la Escuela de Agricultura y Ganadería, que hoy forma parte de DICTUS, la Escuela de Ingeniería, la Escuela de Ciencias Químicas y la Escuela Preparatoria. Además el Gimnasio, hoy parte del Departamento de Arquitectura, y el estadio Castro Servín, con solo las graderías del oeste.


En 1964, el Lic. Adolfo López Mateos inauguró dos mas: uno para Contabilidad y Administración y otro para Derecho. Actualmente uno en la ECA y el otro en Economía. Además inauguró el de Ciencias Químicas y las graderías del lado este del estadio.


En una época difícil para la Escuela de Altos Estudios, y tal vez para la misma Universidad, hubo quienes se pronunciaran por el cierre de la escuela, ya que fue la única que se manifestó en contra de una política interna contraria al buen desempeño de la Universidad como una institución educativa de prestigio. (Fuimos testigos en ANUIES, de que los paquetes de solicitudes para becas enviados a la Universidad de Sonora, eran devueltos sin siquiera abrirlos).


En esas circunstancias, como expresó el Profesor Valle, lo obligamos a que se hiciera cargo de la Dirección de la Escuela.


Valle impulsó la realización de los Simposium México – Estados Unidos de Ecuaciones Diferenciales. Habiéndose realizado uno en la Universidad de Sonora, otro en la Universidad de Arizona y otro en el CIEA del IPN.


Quienes tuvimos la oportunidad de ser sus alumnos abrevamos en sus conocimientos de Algebra (superior, lineal, moderna), matemáticas puras y aplicadas, probabilidad, teoría de la medida, análisis funcional, análisis matemático, análisis complejo. Basta recordar sus exposiciones y los textos recomendados para sus cursos para aceptar de nuevo que gozábamos sus clases. Contaba con una biblioteca personal muy completa y selecta.

Es interesante leer las apreciaciones que tienen de él las personas que decidieron estudiar matemáticas gracias a sus clases, como es el caso del Dr. Gonzalo Zubieta.


Por lo general Valle fue quien nos propuso los temas de tesis a los miembros de las primeras generaciones y nos guió en el desarrollo de las mismas.


Era riguroso en el uso del lenguaje, tanto el simbólico de las matemáticas como el lenguaje común; exigía precisión en los conceptos.


A su vez realizó actividades que nos permitiera incursionar en el ámbito interinstitucional, relacionándonos con los matemáticos y físicos de otras instituciones del país y del extranjero, así como con funcionarios del CONACYT, ANUIES, UNAM, CIEA del IPN, Escuela de Agricultura de Chapingo.


Impulsados por él, desarrollamos varios seminarios en períodos vacacionales de verano en aulas de la Facultad de Ciencias de la UNAM, para los cuales tramitaba apoyo económico en instituciones de la ciudad de México.


Para acrecentar el compañerismo que reinaba en la Escuela de Altos Estudios, instituyó una cita el primer sábado de Agosto, para todos los miembros de ella e invitados que se encontraran en México.


Las personas que lo conocimos sabemos que correspondía de manera instantánea a la amistad y que siempre estaba dispuesto a brindar apoyo personal o de ser necesario, buscarlo.


Una de las realizaciones mas importantes de Valle la escuché del Maestro Jorge Ontiveros Almada: “Mira la labor de Valle me dijo, ve a nuestro amigo de la sierra, con sus botas, sus levy, su camisa de remaches, su sombrero y su cinturón vaquero planteando modelos matemáticos”.


Para nosotros no fue difícil seleccionar un padrino para nuestra generación. Así, mientras que a los egresados de Derecho, los apadrinaba el Presidente Luís Echeverría desde Nogales, nosotros contábamos con la presencia, en nuestra escuela, de nuestro flamante padrino el Profesor Enrique Valle Flores.


El otro Valle llegaba a festejar con su risa franca las bromas que hacía o que se le hacían o al narrar alguna travesura de su juventud; o cuando era testigo de algún hecho chusco, como cuando presenciamos la reacción de un asno al asustarse con su propio reflejo, o al recordarle de manera jocosa, de como “rescatamos” a Martha Mejía de Valle de una asamblea en la Preparatoria de San Ildefonso.


También resultaba ser estricto cuando la ocasión lo requería, en el uso correcto de las cosas. En cierta ocasión después de muchos minutos de observación y esperando que otro lo hiciera, le colgó el teléfono a una persona que nos lo había pedido prestado diciéndole: “disculpe joven, pero los teléfonos no son para jugar”.


En ocasiones mostraba un sarcasmo muy fino, como cuando solicitaba: “por favor cierre la puerta, no se vaya a congelar todo el mundo”. O cuando recordaba el evento familiar en “el Templo de Nuestra Señora de Concreto”.


Considero que acuñó algunas frases propias de él: Al referirse a las matemáticas lo hacía en singular, ya que consideraba que “la Matemática es única”. Cuando alguien retrasado en su trabajo le ofrecía algún bocado le contestaba: “yo devoro tesis”. En ocasiones hacía un manejo curioso del anidamiento, diciendo por ejemplo: “cada uno es mejor que todos los demás juntos”.


Pero tuvo una contundente: “jamás permitan que decida sobre su capacidad alguien que no haya demostrado la suya”.


Así mismo tenía refranes propios, algunos de nivel de postgrado, por no decir muy colorados.


Podía llegar a sorprendernos con alguna de sus vivencias. En una ocasión, al desviarme de la ruta que traíamos, comenzó una plática de cómo había conocido, en los cuarenta, La Laguna de Beltranes, municipio de El Rosario Sinaloa. Al terminar su relato solo le dije: “No es posible profesor, precisamente ahí es a donde vamos, es la casa de mis abuelos”.


1988 se llevó al Dr. Carlos Graef Fernández (1911-1988), amigo de Valle, ambos se trataban con mucha camaradería, estaba relacionado con la Escuela de Altos Estudios, a la que visitó en varias ocasiones, fue un reconocido físico, él le puso el nombre al ladrillo de Hilbert. Muy ameno conversador y conferencista. En una de sus conferencias manifestó su especial predilección por cierta transformación al decir: “si me aplican esta transformación me convierten en un hombre normal”.


Ese año también se llevó a nuestro estimado y de muy gratos recuerdos, Profesor Enrique Valle Flores, comprometido para siempre con la Universidad de Sonora.


Deseo terminar, transcribiendo el último párrafo de mi tesis de licenciatura:


“Quiero manifestar mi agradecimiento al Profesor Enrique Valle Flores por su dinámica paciencia y las energías gastadas en el desarrollo de las matemáticas en Sonora”.


M. C. Oscar Mario Rodríguez Sánchez


En la ceremonia de develación de la placa del Auditorio Matemático Enrique Valle Flores del Departamento de Matemáticas de la Universidad de Sonora. 30 de Agosto de 2007.


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